jueves, 13 de septiembre de 2007

TOROS


Sólo he estado una vez en los toros. Ciñéndome a la estricta jerga taurina, diré que me intentaron llevar varias veces de la oreja, pero acabé yendo por un rabo.

Estaba sentada como en cuarta fila. Ni idea si era sol, sombra, o solYsombra. Pero lo cierto es que empezaron a pinchar al animal por todos lados y el pobre se hacía pis encima del miedo que tenía (tampoco era cosa de que se fuera al baño, pero ya me entienden). Yo no daba crédito. El corazón se me aceleraba por momentos. Por fin, el torero le clavó al animal un pedazo de espada más grande que él, y se desmoronó a apenas 10 metros de mí. Y no sé qué pasó, pero mi cuerpo se rebeló: empezaron a caerme lágrimas como puños, se me cortó el suministro de aire, me temblaban las manos, y tuve que levantarme y salir de ahí inmediatamente. No habían pasado ni diez minutos desde que me había sentado.

A lo que voy es que yo no he DECIDIDO que no me gusten los toros. Mi aversión no tiene que ver con principios morales elaborados con la cabeza (que también). Es mi cuerpo el que ha decidido de forma independiente y unilateral, sin posibilidad de diálogo, que es una atrocidad insoportable.

6 comentarios:

dee dijo...

De acuerdísimo. Mi primera vez fue una novillada, donde al primero de la tarde lo mataron tan mal que le reventaron un pulmón, o vete a saber qué coño era. El caso es que fue una muerte horrorosa. Desde ese instante de mi vida odio a los toreros, y también a quienes disfrutan con ellos.

Gab dijo...

Yo nunca he ido.De hecho me pongo mala simplemente viendo que están por la tele.Me parece impensable y lo preocupante es que hay mucha gente todavía que sigue "pensándolo" mucho.

Joserra dijo...

Yo no es que odie las corridas de toros, sencillamente me aburren. Y los toreros ¿odiosos? bueno, no sé, algunos sí, otros... otros... mmmmm..mm..mmmmmmmn...

La que pasa por aquí dijo...

Yo condeno radicalmente las animaladas tipo encierros de los pueblos, lanzamientos de cabras de campanarios, etc. aunque con las corridas estaba dispuesta a creerme lo del arte, la nobleza, el cara a cara de la fuerza y la inteligencia blablabla... Pero creo que si fuera a los toros me pasaría lo mismo que a ti. Me pasa incluso ante un filete de ternera, quiero decir, que yo no soy vegetariana, y me parece bien que la especie humana sea carnívora, pero yo, es que no puedo comérmelo, sin haberlo decidido siquiera.

Y totalmente de acuerdo con Joserra, ¿qué hacemos con algunos toreros? ¿o soy la única que sueña con una corrida goyesca a solas con LOS DOS hermanos Rivera Ordóñez?

Juanma dijo...

¿Os imagináis que, en plan "Sin noticias de Gurb", llega un alienígena a visitar nuestro planeta y lo primero que se encuentra es una corrida de toros? Yo creo que nos exterminan seguro.
La gente me dice luego que soy un burro porque no me da pena si un torero sufre una cogida. Qué malo el toro, que casi mata al torero... ¡Coño, y el "matador" sólo estaba ahí para darle besos al bicho, ¿no?!

Y yo encima tengo que aguantar una familia pro-taurina y (brrrr) un primo banderillero. Y luego al que todos los tíos miran raro es al sobrino tonto que quiere hacer cine... yo soy un niñato, pero él... el es "un valiente". Ahí. Con dos cojones.

ASTRAKUS dijo...

Puff, totalmente en contra de la asquerosa fiesta nacional, sus soles, sombras y rabos sangrantes. Y en contra también de las variantes tipo gilipollas de pueblo que se cree un heroe por matar un animal a palos.
¡¡Que vuelva Waku Waku!!