jueves, 28 de junio de 2007

El Taxi

El otro día me monté en un taxi para hacer un trayecto ridículo: de Tirso de Molina a Plaza Santa Ana. Estaba de mudanza, y tenía ya los brazos largos como los de Mortadelo de tanta maleta.
El taxista era más castizo que los entresijos, y más parco que un amago. Palabras no usaba muchas, no. Pero él tenía otra manera de expresarse. La BOCINA. Mi sonido favorito del mundo. Incluso había aprendido a darle matices expresivos. Juraría que había hecho un cursillo con Harpo Marx.

El momento del climax llegó con un bocinazo de ésos que ni en el Bernabeu, laaargo como un día sin pan. Claro: es que el semáforo YA llevaba 2 segundos en verde, y el primer coche AÚN no se había movido. Y ésa es razón suficiente para destrozarnos los tímpanos y los nervios a todos los que estamos a 20 metros a la redonda. Así que yo, en mi línea de Ya aprenderás a callarte algún día, nena, le di dos golpecitos en el hombro y le pedí que parara. "Las bocinas originan muchísimo estrés", argumenté. El taxistá se quedó callado unos segundos. Debía de estar preparando una respuesta a la altura de mi estupidez y, claro, eso necesita un tiempito. Pero por fin, como medio minuto después, encontró las palabras justas. "Lo que origina estrés es que no me dejen hacer bien mi trabajo".

Y la palabra "origina" me sonó tan pedante cuando él la repitió, pero TAN pedante, que ya sólo me quedé pensando en que tengo que dejar de hacerme la mujer leída urgentemente. Y me olvidé de la bocina, de Mortadelo y de los entresijos.

1 comentario:

Amaury Grapes dijo...

Tengo un asco a los pesetooossss!! es que no puedo con ellos, eh? sobre todo desde que me clavaron desde el aeropuerto al barrio del Pilar (10 minutos de reloj) 30 EUROS, 30.

Jo pelines, me parece superfuerte!!

jajajaja.

Un beso, wapa